28 agosto 2010

MOYTIRRA



Después del despertar en Embryo, mi alma se encontraba ansiosa por descubrir las bellezas de este Nuevo Mundo, pero…hacia dónde dirigirme? No recordaba cómo había llegado a este lugar y  la isla, aunque bella, no era muy visitada por viajeros. 
De algún lugar de mi memoria, surgió la imagen borrosa de un bosque de árboles frondosos con un lago en su centro.



Me aferré a ella y, no estoy segura de cómo ocurrió pero…al cabo de un instante me hallaba mirando ese mismo lago. Caminé sin rumbo fijo por los senderos cuidadosamente empedrados del bosque mientras una extraña sensación de reconocimiento me invadía. El lugar era realmente hermoso y en cada detalle se apreciaba la mano de alguien delicado y amable.






En un recodo una pared de roca me impidió seguir adelante, hasta que vislumbré una cavidad oscura que al parecer se dirigía al interior de la montaña. Aunque al principio no conseguí ver nada, el interior era espectacular...


Ascendiendo por los escalones que se encontraban al final de la caverna, salí de nuevo al exterior, y atravesé un puente construido sobre el rio. Mis pasos me llevaron a una ciudad construida sobre los árboles.


Descendí por la ladera para encontrar algún modo de acceder a ella, y conforme me iba acercando, se empezó a escuchar una melodía que aunque en un primer momento no acerté a entender, me inundaba de melancolía. Esto decía la canción:




Ai! Laurië lantar lassi súrinen 
yéni únótimë ve rámar aldaron! 
yéni ve lintë yuldar avánier 
mi oromardi lissë-miruvóreva 
Andúnë pella, Vardo tellumar 
nu luini yassen tintilar i eleni 
ómaryo airetári-lírinen. 

Sí man i yulma nin enquantuva? 

An sí Tintallë Varda Oiolossëo 
ve fanyar máryat Elentári ortanë 
ar ilyë tier undulávë lumbulë 
ar sindanóriello caita mornië 
i falmalinnar imbë met, 
ar hísië untúpa Calaciryo míri oialë. 
Sí vanwa ná, Rómello vanwa, Valimar! 
Namárië! Nai hiruvalyë Valimar! 
Nai elyë hiruva! Namárië! 

Según he comprendido más tarde, ésta es su trascripción:



¡Ah! ¡Como el oro caen las hojas en el viento, 
e innumerables como las alas de los árboles son los años! 
los años han pasado como sorbos rápidos 
de dulce hidromiel en las altas salas 
de más allá del Oeste, bajo las bóvedas azules de Varda 
donde las estrellas tiemblan 
en la voz de su canción sagrada y real. 

¿Quién me llenará ahora de nuevo la copa? 

Pues ahora la Iluminadora, Varda, la Reina de las Estrellas, 
desde el Monte Siempre Blanco ha elevado sus manos como nubes 
y todos los caminos se han ahogado en sombras 
y la oscuridad que ha venido de un país gris se extiende 
sobre las olas espumosas entre nosotros, 
y la niebla cubre para siempre las joyas de Calacirya. 
Ahora se ha perdido, ¡perdido para aquellos del Este, Valimar! 
¡Adiós! ¡Quizá encuentres a Valimar! 
¡Quizá tú la encuentres! ¡Adiós! 

Comprendí porqué no había encontrado a nadie en aquel lugar y ésto me llenó de tristeza. Todos se habían marchado porque una Fuerza Oscura se abatía sobre el mundo. Deseé con todas mis fuerzas haber llegado a tiempo para unirme a ellos, pero era demasiado tarde. Ahora debía hacer el camino sola, y sin conocer que era lo que me esperaba. 

Había cerca una pequeña pila de agua con una jarra plateada a su costado, y me acerqué a refrescarme la cara, como si el agua cristalina fuera a aclarar también mis ideas. 




Vacié el contenido de la jarra en la pila, y cuando el agua se aquietó, escuché de una forma clara en mi mente una voz cristalina que me decía:
    
      "Puedo ordenarle al Espejo que revele muchas cosas, y a algunos puedo mostrarles lo que desean ver. Pero el Espejo muestra también cosas que no se le piden y éstas son a menudo más extrañas y más provechosas que aquellas que deseamos ver. Lo que verás, si dejas en libertad al Espejo, no puedo decirlo. Pues muestra cosas que fueron, y cosas que son y cosas que quizá serán. pero si fueron, son o serán, ni siquiera el más sabio puede decirlo."


Estaba claro que nadie iba a decirme hacia dónde debía dirigirme. Tenía que seguir confiando en mis instintos para encontrar mi camino antes de que la oscuridad se adueñara de todos los rincones del mundo. No recordaba de dónde venía ni quién era, y tampoco sabía a dónde ir. Me sentí pequeña en la inmensidad de mi destino, e instintivamente miré en reflejo del agua...y entonces...una imagen al principio borrosa, empezó a formarse en él...


* Los textos en cursiva pertenecen a "El Señor de los Anillos" de J.R.R.Tolkien, uno de mis libros preferidos.










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